Al día siguiente decidimos empezar por la Ciudad Universitaria, cuya población estudiantil rebasa los 50 mil alumnos. Aunque la Universidad es de reciente construcción (1944), tiene como antecedentes al Colegio del estado, fundado en 1843, al Colegio Preparatorio y a la Normal Veracruzana, instituciones que a finales de la centuria pasada dieron a Xalapa un verdadero auge intelectual que le valió el nombre de la Atenas veracruzana.
La moderna Universidad está rodeada de hermosos jardines y parques y en ella funcionan diversas escuelas y facultades, así como centros de investigación, bibliotecas, teatros y salas de conciertos llenos de vida artística.
De la zona universitaria nos encaminamos para conocer el Museo Tecnológico de Xalapa. Este magno proyecto es en cierta forma un alma gemela del Museo Universum de la UNAM y del Museo Papalote de la Ciudad de México, ya que en él se busca fomentar la educación de los menores a través del juego. Sus instalaciones cuentan con una colección de aviones y automóviles de todas marcas y modelos. Alrededor de la sala principal y bajo una moderna estructura hay varias salas conectadas entre sí, como son las de energía, ciencia, transporte, exploración del espacio, vida, el planeta azul y ecología. También cuenta con una sala de proyección IMAX, que tiene una de las pantallas más grandes de Latinoamérica.
Y ya adentrados en museos, decidimos visitar el Museo de Antropología de Xalapa, el cual en tres grandes salas guarda bellísimas piezas de las culturas olmeca, huasteca y totonaca. El edificio está diseñado específicamente para el propósito que cumple y exceptuando el Museo Nacional de Antropología e Historia de la Ciudad de México, dudo que exista en nuestro país otro que lo iguale en acervo, arquitectura y belleza. El Museo está ubicado en la zona norte de la ciudad, en la avenida Xalapa, entre la Calle del Museo y la avenida Primero de Mayo y abre de lunes a domingo de 9:00 a 17:00 horas, cuenta con cafetería, librería, sala de exhibiciones temporales, auditorio, servicios sanitarios y estacionamiento. Además está rodeado por bellos jardines, en donde se proporciona información sobre las diferentes plantas que allí se cultivan.
Saliendo del Museo, fuimos al Parque Hidalgo, ya que allí es donde se encuentra la Casa de las Artesanías, en la cual se realizan exhibiciones periódicas y se pueden comprar productos artesanales del estado.
Nos levantamos temprano al día siguiente, pues debíamos seguir nuestro viaje hacia el puerto de Veracruz, pero no queríamos irnos de Xalapa sin acudir a un lugar que todo el que vaya por aquellos lares no debe dejar de visitar: la ex hacienda del Lencero, hoy Museo del Mueble.
Construida en un principio como una modesta hostería por un soldado de Hernán Cortés llamado Juan Lencero, esta hacienda tiene un lugar preponderante en la historia, ya que el 27 de mayo de 1843 pasó a ser propiedad de uno de los personajes más controvertidos de nuestro país en el siglo pasado: Antonio López de Santa Ana, quien la conservó en su poder durante 14 años.
Recorrer los jardines de El Lencero es un verdadero agasajo para la vista y el espíritu; en ellos podemos disfrutar de una paz increíble y gozar de hermosísimos árboles, entre ellos una bellísima higuera que tiene alrededor de 500 años.
Por lo que respecta al casco de la hacienda, podemos decir que es una construcción recia y los interiores están decorados con muebles de bella factura, muchos de los cuales pertenecieron al mobiliario de Santa Ana.
Dejamos El Lencero no sin antes prometernos otra visita más tranquila y sin prisas y nos encaminamos al puerto de Veracruz. Xalapa se fue quedando atrás, pero indudablemente volveremos a ella para acabar de conocerla: vale la pena, créanlo.