Buenos Aires.- El efecto invernadero es un fenómeno natural que provoca la retención de calor en la tropósfera, capa de la atmósfera cercana a la superficie terrestre.
La mayor fuente de radiación que llega a la Tierra proviene del sol. Del total de energía recibida, un treinta por ciento es reflejada directamente al espacio por las nubes, la superficie del planeta y partículas sólidas que se encuentran en la atmósfera y un veinte por ciento es absorbido por la atmósfera. El cincuenta por ciento restante es absorbido por la Tierra y los océanos.
La Tierra reemite la mayor parte de la energía como radiación infrarroja que es absorbida por componentes minoritarios de la atmósfera, como el dióxido de carbono, el metano y el óxido nitroso, entre otros, provocando el calentamiento de la atmósfera.
La temperatura promedio de la atmósfera es de quince grados centígrados, y sería de 30 grados bajo cero si no existiera este fenómeno.
Desde 1850 las concentraciones de dióxido de carbono se han ido incrementando debido en gran parte al uso de combustibles fósiles, a la roturación del suelo y a la tala de bosques y selvas, lo que provocó un aumento de la temperatura global del planeta.
El desplazamiento de zonas climáticas, cambios de las condiciones atmosféricas -con mayor incidencia de fenómenos climáticos violentos-, mayor sequedad y desertización de zonas aptas para los cultivos, el derretimiento de los hielos, un aumento del nivel del
mar e inundaciones de áreas costeras, son sólo algunas de las consecuencias del incremento del efecto invernadero previstas por los modelos climáticos.