BUENOS AIRES.- El dióxido de carbono y otros cinco gases que se acumulan en las capas altas de la atmósfera se están convirtiendo en una "manta térmica" que asfixia a la Tierra: atrapan las radiaciones infrarrojas del sol y provocan el aumento de la temperatura sobre la superficie del planeta.
La composición química de los seis gases -cuyas normas para su restricción
pretende fijar la IV Conferencia de la ONU sobre el Cambio Climático que se celebra en Buenos Aires hasta el próximo día 13- resultaría inocua si éstos existieran en cantidades moderadas.
Los gases generan el efecto sólo por la cantidad ingente de ellos que la
actividad industrial humana ha liberado a la atmósfera, explica Fabián Benzo, profesor de Química Inorgánica de la Universidad de la República de Montevideo, que imparte un curso sobre el tema en la Facultad de Químicas uruguaya.
Por eso, el Protocolo de Kioto (Japón) contra el efecto invernadero firmado en 1997 por 160 Estados del mundo obliga a los países desarrollados a reducir su emisión de esos gases un 5,2%, respecto del nivel de 1990, entre los años 2008 y 2012.
El enemigo ecanismo que regula la temperatura del planeta. Ahora, las ondas penetran, pero no salen.
Combinación de carbono y oxígeno, menos denso que el aire, producto de una
combustión completa del gas, el carbón o el petróleo, el CO2 desplaza al oxígeno del aire y lo reemplaza, señala el profesor Benzo, de modo directamente proporcional: a más CO2 en la atmósfera, menos oxígeno.
El siguiente contaminante es el metano (CH4), que surge cuando se extingue
el oxígeno y sólo queda carbono. Lo delata, por ejemplo, el olor pestilente de una charca de agua estancada. En grandes cantidades es, como el CO2, un gas asfixiante.
El tercer gas más abundante es el óxido nitroso (NO), producido por la combustión de un compuesto con nitrógeno. Se da, ejemplifica Benzo, en la quema de la madera, que contiene restos de nitrógeno. Al arder, uno de los componentes liberados por esa oxidación es el NO.
A la tríada de los grandes contaminantes le siguen a distancia los llamados gases "refrigerantes", comercialmente conocidos como "freones".
El efecto de estos gases, apunta el profesor Benzo, es mucho más pronunciado en la aparición del agujero de la capa de ozono -del que son uno de los máximos responsables- que en el efecto invernadero, en cuyo agravamiento han desempeñado, hasta ahora, un papel mínimo.
El primer tipo de ellos son los PFC, los polifluorocarbonos, que impiden la acción del oxígeno en una combustión. Por eso se utilizaban, hasta que hace unos años se descubrió que eran dañinos para el medio ambiente, en los extintores de incendios.
También se prohibieron en los aerosoles (desodorantes, etc), su uso más común. Su misión era propulsar al exterior el líquido del recipiente.
Los dos últimos, los HFC (hidrofluorocarbonos) y los SF6 (hexafloruros de azufre), son gases poco comunes, de menor producción y repercusión aún en el efecto invernadero que los PFC.