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 Despiden en la Catedral a Corripio Ahumada
13 de abril de 2008 15:32

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Exequias de Corripio Ahumada

Exequias de Corripio Ahumada
Foto: Notimex

México- El papa Benedicto XVI envió sus condolencias al arzobispo primado de México, Norberto Rivera Carrera, al pueblo de México y a los familiares del cardenal Ernesto Corripio Ahumada, por la muerte de quien calificó como un celoso pastor.

Con la lectura de una carta por el nuncio Christophe Pierre, desde el Altar Mayor, se celebró la misa en la Catedral Metropolitana en la cual se le dio el último adiós al que también fuera arzobispo emérito de México.

"Después de una larga enfermedad vivida con gran serenidad expreso mi más sentido pésame a usted, a los familiares del difunto y a todo este querido pueblo mexicano", señaló el pontífice en su mensaje.

En la misiva destacó el "intenso y generoso ministerio episcopal" de Corripio Ahumada, así como su gran amor a Dios, a la Iglesia y su gran dedicación a la causa del Evangelio.

Ello por su labor en la Diócesis de Tampico como arzobispo de Antequera-Oaxaca y en Puebla de los Ángeles, así como primado de México, y durante sus periodos como presidente de la Conferencia del Episcopado Mexicano (CEM).

"Me uno a todos para encomendar a la misericordia del padre celestial a este celoso pastor que con tanta caridad ha servido a su pueblo", expuso el papa en su mensaje.

Envió asimismo su bendición a los dolientes del cardenal, quien el jueves 10 de abril falleció a los 88 años de edad a causa de una insuficiencia respiratoria derivada de una enfermedad cardiaca que lo aquejó sus últimos 12 años de vida y complicaciones por la diabetes.

"En estos momentos de dolor me es grato impartirles con afecto la confortadora bendición apostólica como signo de fe y esperanza en el señor resucitado", enfatizó.

El nuncio apostólico Christoph Pierre también le dio la instrucción al cardenal Rivera Carrera para que a nombre del papa recibiera los funerales del cardenal Corripio Ahumada.

Monseñor Pierre leyó además una misiva del secretario de Estado del Vaticano, Tarcisio Bertone, quien expresó su más sentido pésame al cardenal Rivera Carrera, obispos, sacerdotes y familiares del jerarca católico y pidió por su eterno descanso.

Señaló que el testimonio de vida cristiana del cardenal Corripio Ahumada debe ser para todos motivo de aliento y renovado compromiso al servicio del Evangelio.

En la misa de exequias del cardenal Corripio, Rivera Carrera destacó las virtudes de su antecesor, su "ágil y vasto servicio pastoral en todos los campos: en la caridad, en la educación, en la atención de enfermos y presos, en la catequesis, en la familia y los jóvenes, en la promoción vocacional, en los alejados".

También reconoció la trayectoria pastoral y que como obispo tuvo el cardenal Corripio al servir a la Iglesia como maestro, santificador y guía.

Hizo hicapie en las grandes tribulaciones por las que pasó a lo largo de su vida, sobre todo en los últimos años ante las enfermedades que lo aquejaban.

Sin embargo, añadió que "no sólo eran sus dolores por las enfermedades de alguien que ha consumido su vida en servicio por sus ovejas, sino especialmente el sufrimiento espiritual por sus seminaristas, sacerdotes y feligreses, a quienes estaba comunicando vida plena".

También recordó su labor como representante de la Santa Sede en el Salvador y Bolivia, así como durante su ministerio como arzobispo primado durante los terremotos de 1985 en el país.

"Cuánto dolor al recibir ataques de muerte de manos criminales y desconocidas cuando desgastaba su vida cristiana por la paz y la concordia. Cuánto dolor causado por el terremoto de 1985 que destruyó miles de vidas y puso aprueba la fe y la caridad de nuestra Iglesia", explicó.

Con la voz entrecortada, el cardenal Rivera Carrera recordó que de esos hechos derivaron muchos de sus sufrimientos y enfermedades padecidas a lo largo de su vida.

Sin embargo, indicó que aún así eso no lo pudo vencer y continuó su ministerio en donde promovió de manera intensa y vibrante su quehacer pastoral marcado por la figura de la Virgen de Guadalupe y de Juan Diego, y a partir de este último impulsó la evangelización de los indígenas.

Al término de los mensajes del Vaticano y del cardenal Rivera Carrera, feligreses, religiosas, sacerdotes y obispos ovacionaron al cardenal cuyos restos reposaban en el féretro que se ubicó en la parte central del Altar Mayor de la Catedral Metropolitana.


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