Michael Wagner (derecha) e Iris Marzinek señalan mapa actual de Alemania
Foto: Terra/Jazid Contreras
Redacción.- Veinte años parecen poco tiempo para la dramática transformación que ha sufrido Alemania. Cuando cayó el Muro de Berlín la reunificación fue inminente y los alemanes - de ambos lados de la frontera- vivieron un proceso difícil de adaptación que todavía está en marcha.
Dos personas que crecieron en dos lugares separados por un muro, cuentan cómo vivieron ese proceso, antes durante y después de la Caída.
Michael Wagner, sociólogo y politólogo de 59 años, nació en la República Federal de Alemania (RFA), el lado occidental capitalista. Con 17 años, buscando evitar el servicio militar, llegó a la parte occidental de Berlín, donde vivió en una especie de burbuja multicultural. "La otra Alemania no existía en mi vida", dice.
Por su parte, Iris Marzinek, licenciada en idiomas de 41 años, nació y creció en un Estado comunista, la República Democrática de Alemania (RDA), más exactamente en la ciudad de Dresde. Nunca sufrió represiones por parte del régimen, pero siempre fue consciente de que la dictadura violaba los derechos humanos de quienes levantaban la voz. Sin embargo, la reunificación golpeó con fuerza su estilo de vida. "Fue como una gran ola que nos aplastó", asegura.
Actualmente ambos residen lejos de su país, en Colombia, y trabajan juntos en el Instituto Goethe de Bogotá, entidad gubernamental que difunde la lengua y cultura de Alemania en el mundo.
Los dos vivieron en realidades muy diferentes durante la guerra fría y aquella noche de noviembre de 1989, vieron en primera fila un hecho que marcó la transformación, no sólo de Alemania, sino del mundo entero.
Terra sostuvo una conversación con ellos en la que hablaron, desde un punto de vista muy personal, cómo de la noche a la mañana pasaron a vivir en una nación reunificada sin estar preparados.
¿Cómo era la vida antes de la caída del Muro?
Michael Wagner: Yo vivía en Berlín del Oeste. Vivía en un nicho al lado del muro, donde Alemania no era Alemania, sino un mundo multicultural porque la mayoría de los que allí vivían eran extranjeros.
Iris Marzinek: Yo crecí en la otra parte, en Dresde, cerca de las fronteras checa y polaca. Yo, personalmente, no puedo decir que sufrí viviendo en la RDA, disfruté del buen sistema de educación y de deporte. Pero no hay que olvidar que la RDA fue un Estado de injusticia. Crecimos con esquizofrenia porque no teníamos la libertad de opinión. Entonces, para evitar problemas en el colegio decías lo que quería oír el profesor, que a menudo tampoco creía en el sistema.
Mi única frustración era no poder viajar. Estudié francés, español y ruso (este último era obligatorio) y pensaba que quizás nunca en mi vida podría ir a países hispanohablantes o a Francia.
¿Ustedes sentían que vivía en países completamente diferentes?
MW: La otra Alemania no existía en mi vida. Punto. Nosotros vivíamos con la espalda hacia el Este y con la perspectiva hacia Bélgica, Francia, España, etc. Ese mundo detrás de nosotros no existía. A nadie le interesaba ir de turista a la RDA por el papeleo, tampoco a estudiar porque no podías discutir libremente. Ese mundo para nosotros no existía.
IM: Nosotros, en cambio, vivíamos mirando hacia el Oeste. Después nos dimos cuenta de que los alemanes del otro lado no conocían nada de nosotros. Estábamos al tanto de lo que pasaba allá y como anhelábamos esa vida, pensábamos que todo era oro.
Teníamos familiares en el otro lado. Mi papá viajaba cada año a visitar a mi abuelo y recuerdo que la primera vez que yo planeé visitarlo, hice mi solicitud de la visa y ese el mismo día cayó el Muro. En la noche estábamos viendo en las noticias la conferencia de prensa en que anunciaron que ya todos podían viajar.
¿Cómo vivieron ese momento?
MW: Yo brinqué y grité a mi esposa "El maldito muro está abierto. Acaba de caerse". Ella me dijo, "¿qué te has fumado?". Esa noche y las siguientes estuve ahí en el muro. Recuerdo que un soldado gringo me preguntó si era una fuga masiva, y yo le dije: "Actualízate, el muro está caído". Entonces me respondió: "I can't believe it" (risas).
Yo lloraba como los demás, Berlín se llenó de lágrimas de alegría y de nervios. Era un momento histórico. Yo sabía que a partir de ese momento el planeta tendría otra cara porque significaba la caída de los dos bloques.
IM: Fue una gran suerte que fue pacífico. Los estudiantes en Dresde fuimos a la calle en octubre para pedir libertad de opinión y de viajar. Gritábamos "Nosotros somos el pueblo". Fue la primera vez que tuvimos una confrontación con la Policía. Eso no existía en la RDA, a diferencia del lado occidental. Fueron momentos muy emocionantes.
¿Ustedes creen que las Alemanias estaban preparadas para el cambio?
IM: Después de la Caída del Muro había personas que gritaban "Nosotros somos un pueblo". Las voces de la reunificación se escuchaban cada vez más fuerte. Al principio no lo queríamos, pero fue como una gran ola que nos aplastó, fue un proceso duro, al menos, para los orientales.
MW: Ninguna de las dos partes estaban preparada. Si les hubieran preguntado a las personas sobre la reunificación habrían respondido que no tan rápido.
IM: Fue un proceso político muy rápido y para mi pueblo fue casi cambiar de un día para otro a un nuevo sistema. Gran parte de lo que teníamos lo perdimos. Fue como una anexión. Más tarde nos dimos cuenta que botamos cosas que eran buenas, como por ejemplo el empleo para todos. Yo era joven, para mí fue más fácil adaptarme, pero para la gente mayor fue muy difícil y lo sigue siendo.
MW: Había presión política para una unificación forzada. Y eso no podía tener buen resultado porque las diferencias económicas y políticas eran tan profundas.
¿Hoy en día, los alemanes se consideran una nación unida?
MW: Si miras los resultados de las elecciones, Berlín sigue dividida exactamente según la línea del Muro entre mayoría cristiano-demócrata y una minoría post-comunista. Lo mismo pasa en el territorio de la ex RDA, el partido de izquierda es el más votado mientras que en la ex RFA es lo contrario.
IM: Los jóvenes que nacieron después del cambio se consideran alemanes. Pero la gente mayor que no conoce bien la otra parte tiene muchos prejuicios. Es muy diferente si le preguntas a alguien que aprovechó al cambio a si le preguntas a un perdedor del cambio político. Para mí es muy triste ver gente que quiere reconstruir el muro. Yo no puedo entenderlo. Es triste, pero todavía existe un muro en las cabezas de mucha gente.
MW: Los jóvenes crecieron bajo las dos influencias y lo valoran de una forma distinta a la generación que fue víctima del cambio. Y hubo víctimas en las dos partes, no sólo en la oriental, porque el cambio afectó el desarrollo económico.
Pero hoy Alemania se promociona a sí misma como un país unido…
MW: La Copa Mundial de Fútbol de 2006 fue la mejor exposición que había para eso.
IM: El Mundial fue como una liberación. Los alemanes tenían prejuicio de mostrar su orgullo. La gente sacó su bandera y cantó el himno con orgullo.
MW: Cuando Alemania ganó por primera vez la Copa Mundial en 1956 pasó algo parecido. Los alemanes se sentían liberados de esa presión de ser víctimas de la guerra. "Por fin otra vez somos alguien y el mundo nos respeta", ese era el ambiente de aquella época, algo parecido a lo que pasa ahora.
IM: Cuando Alemania se reunificó, la tercera parte del país estaba destrozada económicamente. Lo que Alemania ha logrado en términos de desarrollo económico en 20 años no sé si otros países lo puedan lograr".
¿Cómo ven el futuro de Alemania?
MW: El futuro de Alemania lo veo dentro de Europa y no como un país, porque Europa será una región de regiones. La importancia de una unidad nacional va a mermar considerablemente y creo que eso es sano para evitar que Alemania pese demasiado dentro de la región, habrá más equilibrio y posibilidad de cooperar con los vecinos que están observando con bastante sospecha.
IM: Nos consideramos europeos, con todo el proceso de la Unión Europea, estamos más enfocados a la identidad europea.
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