Por Michael Georgy y Sue Pleming
LAHORE, Pakistán (Reuters) - Iftikhar Shah, portero de la estación de ferrocarriles de la ciudad pakistaní de Lahore durante tres décadas, está preocupado por los atacantes suicidas y la inestabilidad política, pero su mayor intranquilidad es el precio del azúcar.
Al igual que muchos de los pobres de Pakistán, a él le cuesta llegar a fin de mes a medida que el precio de los productos básicos se dispara y que los cortes en el suministro eléctrico paralizan muchas industrias, sumando nerviosismo a los efectos de la insurgencia talibana.
'Los ladrones están en el Gobierno', dijo Shah, de 50 años, parado afuera de la imponente estación al estilo colonial británico en Lahore, capital de Punjab, la provincia políticamente más importante de Pakistán y hogar de muchos de la elite militar y política.
El precio del azúcar, dijo, se ha duplicado desde que el presidente Asif Ali Zardari llegó al poder hace 16 meses, y otros productos de cocina como el aceite y la harina resultan prohibitivos.
Los precios del azúcar se han disparado en las últimas semanas ya que los molineros dicen que los granjeros están cobrando precios más elevados por la caña de azúcar después de una baja cosecha.
El Gobierno en el pasado ha culpado a los acaparadores por elevar los precios del azúcar.
Recientemente han girado especulaciones en torno al futuro del presidente Zardari, en medio de acusaciones de corrupción y presión de parte del poderoso ejército, aunque también hay molestia popular por su manejo de la economía.
LA SUPERVIVENCIA ES PRIORIDAD
A unos pocos kilómetros de la estación ferroviaria, guardias de seguridad recolectaban leña en una zanja polvorienta, preparándose para una fría noche en una tienda.
'No nos importa Zardari. No tenemos refugio, sobrevivir es muy difícil. Le rogamos a Dios que haga algo por nosotros', dijo Hamid Latif.
El Ejército ha estado tomando medidas enérgicas contra los talibanes vinculados a al Qaeda, arrasando con bases en su bastión de Waziristán del Sur.
Pero la prolongada estabilidad también depende de la capacidad del estado de mejorar los niveles de vida y crear empleos para evitar que los jóvenes impresionables se vuelquen al extremismo.
'Este es un país de energía nuclear que está tan mal administrado que corremos el riesgo de una inclinación popular a favor de los extremistas, su equipo no tiene manejo de los problemas estructurales de la economía', dijo el hombre, refiriéndose a Zardari.
'BARRIL SIN FONDO'
El Fondo Monetario Internacional en noviembre del 2008 ayudó a Pakistán para evitar una crisis y en julio del año pasado realizó un préstamo de 11.300 millones de dólares, mayor a un monto inicial previsto de 7.600 millones.
Estados Unidos también planea inyectar 7.500 millones de dólares en ayuda no militar en los próximos cinco años, concentrándose en proyectos de energía, agua e infraestructura, todas áreas que los analistas creen que son claves para lograr estabilidad a largo plazo.
Pero en un país donde cunde el sentimiento antiestadounidense, los críticos consideran ciertas condiciones ligadas a la ayuda como una violación a la soberanía.
La forma en la que se administra la ayuda es crucial para ambos lados y el Congreso de Estados Unidos exige transparencia para los fondos de los contribuyentes en medio de las preocupaciones de que el dinero pueda terminas en manos corruptas.
'No le den dinero alguno al Gobierno, es un barril sin fondo', dijo el ex secretario de Exteriores Shamshad Ahmed Khan, a quien le frustra la falta de atención a las necesidades civiles.
'Apoyen al pueblo, no a los gobernantes corruptos. Ellos saquearán y huirán', añadió.
Mientras Zardari está bajo fuego, pocos pakistaníes quieren que el ejército esté en total control como lo ha estado durante más de la mitad de los 63 años de historia de Pakistán. Ningún gobierno civil en Pakistán ha logrado concluir su mandato.
'Queremos democracia en Pakistán y el ejército debería permanecer en los cuarteles', dijo Imran Butt, un estudiante quien pronto planea irse a Alemania en busca de mejores oportunidades.
Pero la población confía en que el ejército derrote a los talibanes.
Eso podría tomar tiempo. Después de que el ejército lanzara una ofensiva en octubre, los Talibán respondieron con bombardeos que han dejado cientos de muertos.
Estados Unidos además quiere que el Ejército de Pakistán elimine a los militantes talibanes afganos que cruzan la frontera a Afganistán para atacar a tropas de Estados Unidos y la OTAN.
Esa presión ha profundizado el sentimiento antiestadounidense y generado interminables rumores y teorías conspirativas en anárquicas zonas tribales a lo largo de la frontera afgana hasta en Lahore, donde existe una enorme brecha social.
'Sólo tenemos una industria en crecimiento en Afganistán, la de las teorías conspirativas', dijo Rashed Rahman, editor del periódico liberal Daily Times.
(Editado en español por Gabriela Donoso)
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