Por Jeff Franks
LA HABANA (Reuters) - La esposa de un contratista estadounidense preso en Cuba por sospechas de espionaje viajó en agosto a la isla para visitar a su marido, el primer movimiento conocido en un episodio que empantanó hace un año las relaciones entre Washington y La Habana, dijeron esta semana fuentes cercanas al caso.
Pocos detalles han emergido hasta ahora sobre el encuentro entre Judy y Alan Gross. Tampoco quedó inmediatamente claro si la visita implica que el caso está cerca de ser resuelto.
La visita a mediados de agosto fue coordinada con la ayuda de la Iglesia Católica, cuyo líder en Cuba, el cardenal Jaime Ortega, se reunió recientemente en Washington con funcionarios del Gobierno del presidente Barack Obama, dijeron las fuentes, ninguna de las cuales quiso ser identificada.
El matrimonio pasó al parecer tiempo en la playa durante su primer encuentro desde el arresto de Alan Gross, de 61 años, en diciembre del 2009 en el aeropuerto de La Habana.
Gross, que continúa retenido sin cargos, trabajaba para un compañía contratada para ejecutar un programa financiado por el Gobierno estadounidense para promover un cambio en Cuba.
El presidente cubano, Raúl Castro, y otros funcionarios han dicho que Gross estaba repartiendo equipos de comunicaciones satelitales a opositores del Gobierno y sugirieron que el contratista estadounidense está involucrado en operaciones de espionaje. Washington ha negado que estuviera espiando.
Un portavoz de la Iglesia Católica en Cuba declinó hacer comentarios y una representante de la Sección de Intereses de Estados Unidos en La Habana dijo que las preguntas debían ser dirigidas a la familia Gross y a sus abogados, que no pudieron ser inmediatamente contactados.
Funcionarios cubanos, que sostiene que Gross está siendo investigado, no estuvieron disponibles para comentar el caso.
Estados Unidos ha dicho que Gross simplemente estaba ayudando a grupos judíos de Cuba a conectarse a Internet, pero reconoció que había entrado al país con una visa de turista y sin declarar el motivo real de su visita.
OBSTACULO AL ACERCAMIENTO
El arresto de Gross frenó en seco un tímido acercamiento entre Estados Unidos y Cuba. Funcionarios en Washington han dicho que no darán grandes pasos mientras siga tras las rejas.
Antes de su arresto, Obama había dado modestos pasos para suavizar el embargo comercial a Cuba, aunque dejó claro que las sanciones no serían levantadas hasta que la isla mejore el cuadro de derechos humanos y liberen a sus presos políticos.
Con la intervención del cardenal Ortega, Cuba anunció en julio que liberaría a 52 presos políticos antes de noviembre. Hasta ahora 32 fueron excarcelados y se marcharon a España.
Especulaciones desmentidas por el Departamento de Estado estadounidense sugieren que ambos gobiernos podrían considerar canjear a Alan Gross por cinco agentes cubanos presos en Estados Unidos desde 1998.
Los agentes, conocidos en Cuba como los 'Cinco Héroes', recibieron duras condenas de prisión por actividades ligadas al derribamiento en 1996 por cazas cubanos de dos avionetas de Hermanos al Rescate, un grupo anticastrista de Miami.
Los cuatro tripulantes de las avionetas, que habían sobrevolado La Habana para dejar caer panfletos contra el Gobierno, resultaron muertos.
José Pertierra, un abogado en Washington con vínculos cercanos a Cuba, cree improbable que Gross sea liberado sin que La Habana obtenga algo a cambio. Cuba exigiría la liberación de sus cinco agentes o la interrupción de programas como el que trajo a Gross a la isla, dijo.
'Desde la perspectiva de Cuba, él había violado las leyes cubanas y era parte de una guerra de Estados Unidos contra Cuba, por lo que tienen motivos para mantenerlo en la cárcel', dijo Pertierra a Reuters.
También acusó al Gobierno estadounidense de castigar de forma 'cruel e inusual' a los cinco agentes, porque mientras Cuba permitió que Judy Gross visitara a su marido, Washington negó las visas para que dos de las esposas de los agentes los visiten en prisión.
Funcionarios estadounidenses han dicho que las visas de las mujeres fueron negadas porque también ellas estaban involucradas con los servicios de inteligencia.
(Editado en español por Esteban Israel y Silene Ramírez)
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