E l Tsunami de las Materias Primas

Factores que explican el alza de precios agropecuarios

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Se han visto protestas en lugares como Tailandia, Malasia, Chile, Francia y España, tanto de consumidores como de productores por el alza de sus insumos.

En el caso de los alimentos todo apunta a que los precios se mantendrán elevados, si no es que seguirán aumentando. Más que una “burbuja” temporal, hay que hacerse a la idea de que los precios altos llegaron para quedarse.

Las razones “estructurales” de este incremento de precios son diversas y han sido ampliamente comentadas. Desde la mayor demanda en países como China, India y Europa del Este producto del éxito que han tenido en aumentar el ingreso de sus poblaciones en los últimos 15 años, hasta la disminución de los subsidios agropecuarios en Europa y el estímulo al desarrollo de los biocombustibles. Adicionalmente, problemas climáticos en varios importantes productores han contribuido al problema recientemente; sin embargo, estos factores no han sido los determinantes.


Impactos
y consecuencias

Parecería obvio decir que los mayores beneficiarios de esta situación son los principales países productores de “commodities”, sean estos agropecuarios, minerales o hidrocarburos; no obstante, la realidad es mucho más complicada.

En primer lugar, porque los países productores también son consumidores y ninguno es completamente autosuficiente en todos ellos, por lo que hay que analizar el impacto neto en cada país. El mejor ejemplo es el caso del petróleo en México. En los primeros tres meses de este año, todo el ingreso por exportación de crudo fue equivalente a lo que se importó de gasolinas, gas natural y productos petroquímicos.

En segundo lugar, y quizá el mayor problema, es que las materias primas, como su nombre lo dice, son insumos de producción ya sea para los alimentos o para prácticamente todas las demás industrias. Esto significa que aún para sus productores, los costos de sus insumos han aumentado fuertemente.

Por último, aún en los países que en principio serían grandes beneficiarios, es esencial que cuenten con políticas económicas adecuadas. En este sentido, Argentina es el mejor ejemplo de cómo “matar a la gallina de los huevos de oro”. De ser uno de los mayores exportadores mundiales de carne, leche y soya, países como Brasil y Uruguay la han desplazado en los mercados internacionales debido a sus políticas gubernamentales erróneas.


¿En dónde
está México?

En lo que va de 2008, el gobierno federal ha anunciado tres “programas” o medidas para tratar de evitar el alza de precios; primero un acuerdo con las cadenas de autoservicios para contener los precios de varios artículos de la canasta básica, después la extensión hasta fin de año de los subsidios a los energéticos y la reducción de aranceles a las importaciones y, recientemente, el congelamiento de precios de 150 productos de consumo básico.

Aparte de las buenas intenciones y de los aspectos políticos, existen al menos dos serios motivos de preocupación con estas acciones. El primero es su carácter reactivo y coyuntural. En los últimos tres años los precios internacionales de los principales productos agropecuarios han subido, en promedio, 83% y en algunos casos más del 100%. Es decir, el problema no es nuevo ni apareció de súbito y si algún país tenía que ser afectado directamente era México.

El país es altamente dependiente de la importación de la mayoría de los granos básicos y oleaginosas, debido a la insuficiente producción interna: se importa el 77% del consumo de arroz, el 43% del trigo, el 80% del maíz amarillo (para consumo animal), el 35% de leche y productos lácteos y el 18% del frijol, entre otros.

Ante un problema mundial de carácter estructural, con medidas coyunturales y aisladas lo único que se logrará será agrandar el problema en términos de costo (económico y político). ¿No sería acaso más sensato aprovechar la situación para replantear a fondo las políticas hacia el campo y verdaderamente capitalizarlo y desarrollarlo?

La segunda preocupación se relaciona con el uso de subsidios generalizados y “concertaciones” de precios. No sólo ninguna de estas dos medidas resuelve el problema, sino que solamente lo agrandan y alargan. Se va a utilizar la mentada “renta petrolera” para subsidiar el consumo de los mexicanos de manera indiscriminada. Lo racional sería disminuir el gasto público en otros conceptos para apoyar a los consumidores y utilizar dicha renta para capitalizar al campo mexicano.

Sin lugar a dudas que la situación es compleja, pero de las políticas que se tomen dependerá si se hace más o menos grande el problema y las principales consideraciones no deben de ser políticas sino económicas. Tratar de correr ante este tsunami, no evitará que nos alcance tarde o temprano.

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