Hoy visitan más personas un centro comercial al año que a cualquiera de los centros de diversión Disney.
Únicamente en 2007 se publicaron dos millones de libros nuevos. Seiko fabrica 5,000 modelos de relojes distintos.
Sony en el 2000 lanzó al mercado 10,000 productos distintos, fabricando más de cuatro productos por hora y hoy existen dos millones de personas utilizando teléfonos celulares.
El mundo del exceso
Para hacer frente a este tipo de creaciones en Procter & Gamble trabajan más científicos que en Harvard. El mundo del exceso está en marcha.
El mercado es un hervidero de productos. Tenemos un exceso de compañías similares con ideas similares, con productos similares y precios y servicios similares.
Y las empresas compiten frontalmente. Esto es el paraíso para los consumidores pero una pesadilla para los ejecutivos.
Márgenes y costos
Hoy las empresas tienen que vender a menor precio, presionando márgenes y costos. Muchos comentan: “Ya no es negocio mi negocio”.
Nuevas empresas venden en los mercados tradicionales que estuvieron controlados por empresas, que les llevó muchos años desarrollar su plaza.
Hoy estamos en el modelo de descentralización globalizada.
Las empresas ya no necesitan producir lo que diseñan, ya pueden hacerlo al otro lado del mundo y venderlo en cualquier parte.
Ante esta situación, el cliente se ha transformado en más que un Rey. El cliente moderno es nada menos que ¡un dictador!
Si un cliente le habla tiene que reaccionar rápidamente. Si le pide que se reúnan en las Islas Fidji a las 3:45 a.m., ahí debe estar Ud.
Saturación
de productos
El cliente ha pasado de ratón a león. De dependiente a caprichoso. Y esto no es más que el principio.
Al final, el ganador de esta saturación de productos es el consumidor. Son los dueños y amos del mercado y sólo las empresas que comprendan la regla del juego podrán saciar la sed de productos a bajo precio, calidad y diseño.
Aquél que no pueda captar la atención de los clientes quedará fuera.
Le aconsejo que reflexione profundamente y se conscientice que al mundo de la estabilidad le llegó su fin.
Cada mañana, su negocio está amenazado por competidores que nacieron la noche anterior para conquistar al cliente leal que Ud. construyó en los últimos 20 años.
Estamos en un mercado donde la batalla es a campo abierto ¡Buena suerte!