Tuve la oportunidad de compartir en España con un grupo de chicas que están pasando por un tratamiento de IVF (siglas en inglés para Fertilización in Vitro).
Me consta que es una temporada en que se pone a prueba la fortaleza, el ánimo, la entereza, el espíritu de lucha y la voluntad de muchas jóvenes mujeres que, según dicen los expertos, ven obstaculizado su anhelo de ser madres por estar expuestas a nuevas situaciones de estrés, y a los efectos secundarios de productos y aparatos que hoy se sabe pueden resultar agresivos para la salud.
Qué lejanas estaban nuestras abuelas de usar la computadora, limpiar las estufas con ingredientes ultra efectivos, blanquear la ropa con algo que no fuera sol… sufrir la angustia de tener un examen de admisión en una prestigiada universidad, presentar un reporte a un cliente, tener una entrevista para un nuevo trabajo.
Después de un tratamiento de varias semanas, en el que las mujeres se someten a diversos procedimientos que incluyen: análisis de laboratorio, pinchazos, derroche de hormonas y una serie de medicinas, finalmente un experto les implanta los óvulos fertilizados. Luego viene la peor parte: esperar 14 días para la prueba de embarazo que habrá de confirmar si todo lo hecho y lo gastado (¡carísimo!) dejó frutos, o no sirvió para nada.
En medio de una nube de incertidumbre, ansiedad y angustia, les asaltan las inseguridades y los cuestionamientos, los días pasan más despacio, y las dudas y los temores tocan a la puerta a cada minuto.
Hay necesidad de apoyo, de consuelo, y de sentirse acogidas. Hay necesidad de ver una luz al final del camino.
No me desampares
Junto con ellas, entré a un foro de IVF en Internet. De inmediato atrajo mi atención la figura que tomó el papel de líder del grupo: una mujer joven a la que la mayoría se dirigían con mucho cariño, pero también con respeto y atención.
Es a la que le preguntan sus dudas, a la que le agradecen el apoyo, a la que le solicitan consejo, a la que le enviaron un regalito anónimo.
Algo así como la mamá cariñosa que las apapacha, la abuela que las aconseja, el médico paciente que responde a todas sus consultas.
Voz de consuelo y esperanza.
Para todas estas chicas es un ÁNGEL que, pese a estar pasando por lo mismo, o quizás debido a ello, apareció en el momento apropiado, con la mejor disposición de guardarlas, acompañarlas y guiarlas.
Marcas ángel
En estos tiempos difíciles, complicados y competidos, hay marcas que funcionan como un verdadero ÁNGEL para el consumidor.
Son marcas que se ven con “buen fondo”. Que actúan con coherencia, e independiente de sus atributos funcionales o beneficios adicionales, acompañan y guían a su usuario hacia una vida “mejor”. Le enseñan algo más, procuran su bienestar, su salud o su futuro.
Consultando a algunos consumidores, surgen varios nombres y ejemplos de las que ellos consideran sus marcas “Ángel”.
Abercrombie & Fitch: “Porque el algodón que usan, es el que mejor trata mi piel. Son camisetas más suavecitas. Y aunque las laves no cambian. Es una marca que me hace ver cool, es como ecológica... me cae bien y siento que le importo…”
“Vick Vaporub me sigue apapachando y cuidando; ahora lo hace también con mis hijos y mis nietos… Es barata, y sirve para tantas cosas...Me hace ser buena mamá. A mí que no se me facilita tanto, me ayuda a dar cariño.”
“Mac te da siempre la última tecnología... no es tacaño como los otros que te van dando de uno en uno... Es bonito, estético y funciona. Te enseña todo lo que tienes que hacer paso a paso y de modo amigable. La verdad, sí me demuestra que le soy importante.”
“Aires de Campo con todos sus productos orgánicos, me da tranquilidad. Hace que mi vida sea mejor.”
Vale la pena considerar esta nueva personalidad de marca, que está siendo tan atractiva para el consumidor, especialmente en momentos de crisis.