La crisis económica... y más alla

Tabla Óscar vera  julio09  214

Ver gráfica a detalle en la siguiente página (Foto Óscar Vera © Derechos Reservados)

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Sin embargo, aún cuando pueden existir ciertas similitudes, esto no significa que las características de las dos recesiones sean las mismas, ni que la eventual recuperación necesariamente vaya a tener un patrón similar al de 1996.

De ahí que, aunque todavía es incierta la duración y profundidad de la situación actual, resulta relevante hacer un intento de visualizar cuáles serían las condiciones económicas y el entorno que enfrentarán las empresas al término de esta crisis.

Una comparación
de la crisis

De manera esquemática, se pueden comparar las dos crisis en función de: sus orígenes, el tipo y características del ajuste y cuáles serán los motores de recuperación.

En lo que respecta a los orígenes, la respuesta es relativamente sencilla: mientras que en el 94 las causas principales fueron de origen interno (elevado desequilibrio externo financiando con capitales de corto plazo e incertidumbre política), en 2009 la crisis financiera provino del exterior.

Sin embargo, hace 14 años la economía se paralizó por una crisis financiera que provocó un repunte de la inflación de 7.1% a 52% a finales de 1995, mientras que la tasa de interés (la TIIE) pasó de 28% a 51%, respectivamente, aunque en III/95 alcanzó 85%.

En 2009, tanto la inflación como las tasas de interés no sólo se mantienen relativamente bajas, sino que incluso con ligeras tendencias a disminuir. Por ello, si bien en ambas crisis hay una pérdida importante de empleos, en la crisis actual habrá una caída del poder adquisitivo de los salarios significativamente menor a la de 1995.

De igual forma, la contracción del crédito en 1995 fue prácticamente total por la quiebra del sistema bancario, prolongándose durante casi seis años; en contraste, aún cuando este año es muy probable que tenga una disminución con respecto a 2008, no será tan dramática ni durará varios años.

Por último, una tercera diferencia que es crucial radica en el entorno externo. Después del colapso de XII/94, la devaluación del peso y el fuerte crecimiento de la economía estadounidense sustentaron un auge de varios años del sector exportador (que además coincidió con el inicio del TLCAN). Por el contrario, el escenario actual es de un estancamiento del “motor externo” (EUA) en 2009, con una previsión de una lenta recuperación a partir del año próximo.

En consecuencia, en el corto plazo solamente quedaría la opción del motor interno para impulsar una recuperación aunque, desafortunadamente, es un motor que se encuentra casi paralizado, como se comentó en este espacio en III/09.

El fin de la ilusión

Más allá de las limitaciones en el diseño e instrumentación de las llamadas “medidas contra-cíclicas” adoptadas por las autoridades, lo que refleja la severidad de la crisis actual son las debilidades estructurales de la economía mexicana.

Hasta mediados del año pasado, los principales indicadores económicos lucían sólidos: baja inflación, reservas internacionales récord, disponibilidad de crédito, finanzas públicas equilibradas, etc. Sin embargo, en buena medida todo esto descansaba en un entorno externo muy favorable: precios del petróleo y remesas en niveles históricos, la expansión sostenida del mercado norteamericano y una amplia disponibilidad de liquidez en los mercados financieros internacionales.

Es decir, la aparentemente sólida situación macroeconómica se fundamentó en factores exógenos extraordinarios, los cuáles han cambiado drásticamente y han puesto en evidencia dichas debilidades estructurales.

Por ejemplo, los ingresos petroleros adicionales por más de US$95 millardos que recibió el país entre 2004-08 sirvieron básicamente para eludir la necesidad de una reforma fiscal de fondo y de una racionalización y elevación de la productividad del gasto público federal y estatal. La sobre-regulación y tramitología, lejos de disminuir, continúan aumentando, los monopolios y oligopolios (públicos y privados) se mantienen intactos y las leyes laborales siguen premiando la improductividad.

¿Hay vida despúes
de la crisis?

Aunque es aventurado hacer un “escenario post-crisis”, algunos de sus elementos probables serían los siguientes: primero, la economía mantendrá cierta estabilidad en términos de una inflación baja; segundo, el sector exportador será el más golpeado; tercero, el mercado interno se deteriorará moderadamente pero, a diferencia de la crisis anterior, su recuperación también será muy lenta; y, en cuarto lugar, de persistir la falta de reformas estructurales, la dependencia del desempeño de la economía de EUA se agudizará.


Por otra parte, existe un alto riesgo de que una recuperación lenta profundice las desigualdades y la concentración de los mercados y del ingreso. Lamentablemente, la “agenda política” actual parece no incluir ninguna de estas prioridades.

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