Leería a Borges para no irme con la finta de atribuirle ese engendro de poema cursi, publicado bajo el nombre de 'Instantes'.
Tampoco 'trataría de cometer más errores'. Me conformaría con repetir los mismos: volver a ser publicista y abrir una agencia, aunque esta vez no la vendería. Sería yo el único responsable de mis acciones, incluyendo las derivadas de mis errores.
Me impondría como disciplina no hablar tanto de éxitos ni quemaría energías en presumir con cualquier pretexto 'las fotos de la familia' y menos si ésta es numerosa. Dejaría que las marcas, a través de su participación de mercado, hablasen de nuestro trabajo. Promovería que fueran los clientes y no la agencia quienes informaran sobre los resultados de su publicidad.
Discutiría en profundidad con mis amigos periodistas sobre su estilo de preguntar, en las raras ocasiones en que tienen a bien hacerlo.
Persuadiría a mis clientes a que contesten las preguntas rindiéndole tributo a la transparencia de información y, de paso, enseñándole el camino de cómo hacerlo al sector público.
Induciría a los encargados de R.P. a eliminar el habitual boletín de prensa, para fomentar un periodismo más inquisitivo que no se limite a transmitir lo que la empresa quiere declarar, sino que también indague sobre lo que la gente quiere saber.
Rankings, ¿sí? o ¿no?
No aceptaría participar en ningún ranking de agencias. Me negaría a informar sobre el crecimiento que tuve el año anterior o el proyectado para el año en curso.
Exhortaría a la prensa especializada a que, si considera útiles esta clase de evaluaciones, las hiciera bajo su cuenta y riesgo. Disponen de más información que las propias agencias para calcular con menor margen de error las inversiones de los anunciantes.
Si el problema es que éstas no guardan relación con el monto real de las igualas, les haría ver que ellos manejan con igual reserva los datos sobre sus negociaciones de tarifas o facturación.
No me sentiría ni halagado ni frustrado porque me colocaran entre los cinco primeros lugares de la lista o los cinco últimos. Simplemente no me daría por enterado. Sólo me importaría informar de manera confiable sobre mis utilidades o pérdidas a la SHCP.
La agencia ideal
Suprimiría los departamentos de Planeación Estratégica, de Tráfico y las duplas creativas.
Me aseguraría de que en cada uno de mis directores de Cuenta habitara un excelente planner y viceversa. Mediría la capacidad de la gente de Servicio a Cliente por sus habilidades para investigar, analizar y sacar conclusiones. Les pediría que tuvieran su propia opinión de las cosas, no la del planner, ni la del creativo, ni la del cliente. La suya.
Tráfico sería una operación inherente a Cuentas, como lo era antes del advenimiento de la burocracia, la improductividad y 'el déjame consultar cómo anda la carga de trabajo y te contesto'.
Pondría remedio al malestar que me produce ver una mañana entera, a un director creativo, a un copy y hasta a un director de Arte, peloteando ideas. Si pudiera vivir nuevamente mi vida y me tocara dirigir el Departamento Creativo, no tendría ni duplas ni tripletas en torno a una mesa acompañándose en el trance de parir una idea. Para parir un hijo basta una madre. ¿Por qué tres?
Creatividad
Comentaría los lineamientos estratégicos con los creativos, en una junta de 30 minutos, convocada a las 09:00 en punto de cada mañana y les daría un plazo de nueve horas –cada hora equivalente a un mes de gestación– para 'dar a luz', en la mayor concentración y soledad, sus ideas.
Estoy seguro que una generación de súper bebés (léase 'ideas geniales') irrumpiría en la publicidad mexicana, haciendo triunfar la raza en los certámenes internacionales, para orgullo de las madres que los parieron y de la Patria.
Con mucho más rigor que el de Javier Aguirre para integrar la Selección Nacional, escogería a los 'bebés' más aptos para enviarlos a los festivales con una consigna: No se vale volver como finalistas.
Si no hubieran 'bebés' merecedores de trofeos, me impondría años sabáticos hasta estar seguro de tener con qué dejar atrás un pasado ratonero.
Ayudaría a la AMAP y al Círculo Creativo a elaborar agendas de trabajo menos enfocadas en la competencia –Effies y Círculo de Oro- y más centradas en la formación. No de gente sino de criterio, que es lo que escasea en nuestra industria.
Apoyaría la celebración de foros integrados por los cuatro gremios –agencias, anunciantes, medios y proveedores– para discutir los cambios fundamentales que necesitamos con la misma urgencia que las Reformas que necesita el País.
Esto es lo que yo haría 'Si pudiera vivir nuevamente mi vida', pero como diría Montaigne: 'Pensad vuestros propios pensamientos, no los míos! ¡Vivid vuestras vidas!' Y yo agregaría, 'cread vuestras agencias y reinventad este negocio para que realmente sea negocio'.