Concluido el complicado y desaseado proceso de aprobación del Presupuesto de Egresos y la Ley de Ingresos para 2010, vale la pena analizar la problemática de las finanzas públicas en una perspectiva más amplia. En especial, la importancia de los ingresos petroleros para las finanzas públicas y para la economía en general.
Existe un consenso entre los analistas económicos de que el paquete económico para 2010 es solamente un parche más que servirá para enfrentar las condiciones previstas para el año próximo, pero que los problemas de fondo no han sido resueltos, ni están en vía de serlo. Entonces, ¿cuál es la lógica económica detrás de las medidas aprobadas?
El diagnóstico gubernamental
Las medidas de ajuste fiscal (impuestos) se sustentan en el siguiente diagnóstico de la SHCP: actualmente, los ingresos públicos tienen una caída sustancial debido a dos factores, uno temporal y otro estructural.
El elemento temporal es la recesión interna que ha provocado una reducción importante en la recaudación de prácticamente todos los ingresos tributarios (impuestos). Por ejemplo, en I-IX/09, estos ingresos disminuyeron -12.8%, en términos reales, destacando las bajas en el IVA (-19.5%) y en el ISR/IETU (-9.7%). Sin embargo, esta caída es temporal debido a que, en la medida en que la actividad económica se recupere, es previsible que la recaudación por estos conceptos también lo hará.
No obstante, el factor estructural es mucho más grave, ya que se refiere a la combinación de una elevada dependencia de las finanzas públicas (federales y estatales) de los ingresos petroleros, junto con la declinación acelerada de la producción de petróleo. Esta es una situación que no se podrá revertir en el corto plazo, sino al contrario, se agravará en los próximos dos ó tres años, cuando menos.
Por este último factor (además de otros), es urgente una reforma fiscal que diversifique las fuentes de ingresos públicos y disminuya la dependencia de los ingresos petroleros lo más posible.
Implicaciones de esta situación
A pesar de que el diagnóstico oficial es cierto, surgen al menos tres puntos relevantes. El primero tiene que ver con la reducción de la producción de petróleo ¿Fue súbita o inesperada? o ¿lleva varios años y no se hizo nada para prevenirla? El segundo se refiere al destino de los cuantiosos ingresos petroleros que hubo entre 2004 y 2008 ¿En qué se gastaron? El último es el relativo a si ¿las medidas que se van a adoptar son las más apropiadas?
Con relación al primer punto, la producción de petróleo ha disminuido de manera sostenida desde 2005. En 2004 se alcanzó el nivel máximo de producción con 3.383 millones de barriles diarios y desde entonces ha disminuido en 761,000 barriles diarios, es decir, más de una quinta parte (-22.5%) y para 2010 habrá una caída adicional de 100,000 barriles diarios.
Evidentemente, la reducción de la producción de petróleo no fue repentina y, sin embargo, se hizo poco para revertirla o para diversificar los ingresos gubernamentales.
El segundo aspecto es quizá todavía más grave. Entre 2001 y 2008 se tuvieron ingresos petroleros adicionales a los presupuestados por MN$835.3 millardos o US$77.5 millardos. ¿En qué se gastaron? ¿Se reflejaron en un crecimiento económico acelerado y/o en una infraestructura de primer mundo?
La respuesta es sencilla: se usaron principalmente para financiar el gasto corriente (federal y estatal) y, en muchos casos, se (mal)gastaron en obras de baja o muy dudosa productividad.
Por último, también son cuestionables las medidas para cerrar la brecha de ingresos públicos del próximo año. Es indudable que hay un 'hoyo' en las finanzas públicas y que tenderá a aumentar en los próximos años. Sin embargo, como lo haría cualquier familia o empresa ante una baja en sus ingresos: además de buscar fuentes alternativas de ingreso, lo primero es ajustar su nivel de gasto a los recursos disponibles. No obstante, la salida ha sido 'cargarle la mano' a los contribuyentes cautivos con un ajuste mínimo al gasto.
La maldición del petróleo
Lo que ha ocurrido en México en los últimos nueve años es un ejemplo de la ampliamente conocida 'enfermedad holandesa' ('Dutch disease'), que se refiere a los efectos económicos nocivos que tuvo para ese país el descubrimiento de un gigantesco yacimiento de gas en 1959.
Dicha 'enfermedad' se origina en una entrada sustancial e imprevista de recursos que se utilizan en forma improductiva, provocando serias distorsiones en la economía interna, como la pérdida de competitividad de otros sectores, una sobrevaluación de la moneda y una eventual caída del crecimiento y el empleo.
En el caso de México, esto ya ocurrió con el auge petrolero de 1979-1981 ('administración de la abundancia') pero, lo más grave ahora, es que no se está haciendo nada para ajustarse al menor nivel de ingresos y para elevar la calidad y productividad del gasto público. La consecuencia será que el crecimiento y la generación de empleos continuarán siendo mediocres.