Ayer por la mañana, decidí acompañar a mi marido al Golf. Reconozco que en este deporte, desde que recibí mis primeras clases, he sido poco constante. He practicado poco y jugado menos.
Los que entienden de estos menesteres, aseguran que el Golf es un deporte muy 'celoso'; es decir, si no cuidas su práctica, si no recibes clases y asesorías; y no asistes con frecuencia al campo: definitivamente, jugarás muy mal.
Ayer pude comprobarlo con creces.
Sé que nunca seré una Lorena Ochoa: voy al campo de Golf con el humilde objetivo de salirme del asfalto, de la tecnología, de los papeles, en fin, de las rutinas del día a día.
En un entorno mucho más natural, agradable y saludable, busco constantemente –en esa ingrata y veleidosa pelotita blanca– que mi mente se concentre, más allá de mis problemas y pendientes.
En el hoyo número 4 –después de haber batallado con un swing bastante 'descompuesto'–, tratar de corregir el grip: recordar, subir los brazos, soltar el cuerpo, girar la cintura, no subir la cabeza, tratar de no sentir la presión del caddie… y, a punto de tirar el juego por la borda, en un momento de iluminación, recordé un tip de Deepak Chopra –gurú de la meditación, que también en un momento, sucumbió ante la tentación del Golf.
Este médico y escritor hindú sugiere, en uno de sus tantos libros, que con la ayuda de la meditación se 'borre' todo el entorno exterior, y el jugador se concentre única y exclusivamente en la pelota, introduciendo la mente al centro de la misma.
No me lo van a creer: por arte de magia me afiancé al hierro 9 y realicé el mejor tiro de la mañana y posiblemente, del año.
La pelota voló muy alto, con la altura necesaria para brillar y lucirse por sobre los árboles y la mediocridad de mi juego; llevaba la dirección justa como para posarse muy cerca de la bandera roja, que nunca me pareció tan espectacular. Qué difícil es a veces, hacer lo fácil; o fácil lo difícil.
La importancia
de aislar el foco
Así de simple el ejercicio de concentración: introducirse en las entrañas de una pelota puede surtir el efecto de hacer que se ordenen y se armonicen otros movimientos alternos hasta lograr, de una forma más natural y efectiva, un buen resultado.
En el marketing, o en los negocios, hay ocasiones en que mejor conviene abstraerse de todo el ruido que nos lleva a distraernos de lo que podría ser la idea central y no gastar tiempo, ideas, recursos y planeación en soluciones desordenadas y alternas.
2010, año complejo. Nuestros consumidores vienen de una sucesión de crisis –no sólo la económica– que los han sumido en una maraña de pensamientos y emociones que les generan necesidades de medidas y acciones concretas por parte de las marcas.
El foco para mí –como el centro de la pelota en el golf– en este momento, estriba en que los consumidores en general (todos los segmentos y sus pequeñas variantes) se sienten marcados por la incertidumbre y la desesperanza asociadas a una buena dosis de depresión.
Nuestro objetivo como marcas, es compensar ese estado de ánimo y esas carencias con medidas encaminadas a recuperar:
Rumbo: por medio de empresas, marcas, líderes o ejemplos que indiquen 'la luz al final del túnel'.
Energía, alegría, catarsis: por medio de mensajes que lo saquen de, la inercia negativa y le den fuerza para encender los motores.
Contención: por medio de marcas solidarias que lo entiendan y lo acompañen.
Si logramos entrar, palpar, entender y concentrarnos en esta realidad, definitivamente se verá reflejado en un muy buen ¡¡hole in one!!