Todos queremos a Enrique

Enrique Gibert

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Durante seis privilegiados meses, tuvimos la fortuna de publicar las colaboraciones de Enrique Gibert, gran publicista y creativo de cuna argentina, pero mexicano por predilección.

Bajo el encabezado 'IRREFLEXIONES' nos habló de temas diversos y siempre interesantes, consciente siempre de que cada una de ellas podría ser la última.

Cuando finalmente cumplió con el inexorable destino que le había impuesto su terrible enfermedad, a principios del mes pasado, nos dejó un tremendo vacío.

Los obituarios, en esta ocasión, saldrían sobrando, especialmente cuando contamos con la magistral despedida que el publicista pronunció durante el homenaje que le hicieron la AMAP y el Círculo Creativo el año pasado. Por eso, preferimos recurrir a la pluma póstuma del propio Gibert, recordando sus palabras atinadas, plenas de filosofía, humor y heroismo.

Amigas y amigos de la AMAP, del Círculo Creativo, de la prensa especializada, de toda la industria de la publicidad.

Gracias a todos los presentes y también a todos los ausentes. Me sorprende ver esta noche a tantos amigos porque muchos otros hoy llenaron mi casa con flores, mi correo con afectuosos e-mails y mi celular con no sé cuántas llamadas, para avisarme que, por una razón u otra, esta noche no podían venir aunque me acompañarían de corazón.

Nada valoro más en esta etapa de mi vida que poder dar amor y recibirlo.
Por un lado me entristece hacer fade out en un momento en el que vislumbro que estamos en la antesala de una nueva época en la que renacerán, con más vitalidad que nunca, las artes de nuestro oficio.

La publicidad no se está
muriendo ni la están matando.

El mundo se encamina hacia una tercera gran ruptura en la historia de la humanidad, en lo político, en lo económico, en lo social y en lo cultural.

En los escasos nueve años que llevamos desde el comienzo de este nuevo siglo, de este nuevo milenio, hemos recibido señales precisas para confiar en que así será.

El cambio no vendrá de arriba, ni de abajo. Se va a dar desde adentro de nosotros mismos al abandonar viejos miedos para asumir con valentía actitudes nuevas.

Nuestra capacidad de amar alimentará nuestra capacidad de creer y nuestra capacidad de creer alimentará nuestra capacidad de crear.

Como bien dice mi amigo
Santiago Pando, Creer es Crear

Aunque esté de moda atribuirnos parte de la responsabilidad en los excesos de consumo que desencadenaron la crisis económica, nosotros sabemos que no es así. Por el contrario, en países como el nuestro, lo preocupante sigue siendo la falta de consumo, no los excesos.

De todas maneras, si hubiésemos hecho algún daño, tenemos la gran oportunidad de repararlo, haciendo una publicidad nueva en la que la inteligencia prevalezca sobre la estupidez, la ética sobre el cinismo y la estética sobre la ramplonería.

El rescate de la crisis no puede provenir ni de los políticos, ni de los economistas, ni de los tecnócratas.

Son las mentes creativas quienes deben repensar las cosas desde una nueva perspectiva, para impulsar un nuevo orden de valores. Ante semejante reto no hay intento de restauración que valga.

Por otro lado, me alegra haber descubierto a esta altura de mi vida que para aprender a vivir hay que aprender a morir.

Hoy puedo disfrutar de momentos como éste con una paz interior que no conocía.
Siempre pensé que quienes me iban terminar retirando de la vida publicitaria serían Keith Reinhardt o Ken Kaess, q.e.p.d.

No, quien me terminó retirando fue Lou Gehrig (con los gringos nunca se sabe).
Lo paradójico es que me haya retirado un gringo que no es publicista sino beisbolista y, que además, murió hace 68 años –a la edad de 38- de la misma enfermedad que yo tengo.

Lou Gehrig y yo, en lo único que nos parecemos, es en la originalidad para escoger una enfermedad poco común, aunque él fue lo suficientemente importante como para que la bautizaran con su nombre.

Lou la hizo en el béisbol mejor que yo en la publicidad. Es la figura del deporte más importante del siglo XX y la más admirada por el Ing. Carlos Slim. Alineó en 2130 juegos consecutivos para los Yankees de Nueva York, llevándolos a la gloria en la década de los '30.

En el homenaje que le hicieron antes de morir en el Yankee Stadium, sólo alcanzó a decir 'Hoy me considero el hombre más afortunado sobre la faz de la Tierra'.
Quisiera terminar expresando una felicidad semejante a la de Lou Gehrig, con otras palabras.

Alguna vez le escuché decir a mi querido amigo Germán Le Batard que la publicidad es una marca haciendo amigos. Hoy, al ver lleno este salón, me doy cuenta de que, construyendo marcas, he hecho muchos amigos. A los que están aquí, a los que no pudieron venir, a los que ya no están entre nosotros, les agradezco todo el cariño que me dieron y que me siguen dando. No podría quererlos más de lo que los quiero.

Gracias


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