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 Discurso del día del padre, una experiencia nada padre
31 de mayo de 2009 16:53

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Discurso

Memorizar y practicar lo que vas a decir no garantiza el éxito.

Soy Valeria y acabo de cumplir 16. La verdad es que hablo bastante bien en público, por eso me escogieron para dar un pequeño discurso en la celebración del Día del Padre. En cuanto a la experiencia, esa no tuvo absolutamente nada de padre.

ELEGIDA POR LOS DIOSES

Una semana antes de la celebración, me escogieron a mí. Tuve que memorizar una cuartilla entera y repetirla y repetirla diariamente a uno de mis maestros. Dos días antes, ensayé en el foro del colegio frente al micrófono. Aunque moría de nervios, todo estaba listo. Papá pidió permiso en la oficina e iría con mamá a verme, así que yo estaba muy contenta.

A LEVANTARSE TEMPRANO

El día del discruso yo debía ir con el uniforme hiperlimpio, con las calcetas hasta la rodilla y peinado recogido (algo que odio, pero con lo que puedo sobrevivir). Así lo hice; me levanté muy temprano para llegar a tiempo y bien presentada. Lo malo es que no desayuné, pero bueno, llegué puntualmente.

ESPERANDO MI ENTRADA TRIUNFAL

Yo tenía que esperar a la entrada del foro a que me dieran la indicación. Cuando lo estaba haciendo, pasó mi amiga Elisa, comiendo. En ese momento se me antojaron sus galletas y le pedí. También me dio de su refresco de manzana. Bebí bastante y hasta me reclamó que me lo iba a terminar. ¡Es una exagerada!

EL MOMENTO ESPERADO

Hice mi entrada triunfal. Mis papás se veían orgullosos y yo estaba feliz. Empecé el discurso muy bien, pero hice una interrupción forzosa; así como 'todo lo que sube tiene que bajar', también todo lo que entra tiene que salir. Sin querer, a medio discurso, el gas del refresco salió a todo pulmón en pleno micrófono. Eructé en volumen alto amplificado a gran escala…

La mayoría soltó la carcajada, menos La Cebolla, es decir, la directora (le decimos así porque además del cuerpo de circunferencia que tiene, se apellida Cevallos). Pues bueno, La Cebolla estaba indignadísima por el acontecimiento y se me quedaba viendo con cara de 'no es posible, ¡qué cosa acabas de hacer!'. Mientras tanto, yo pensaba,'pues bueno, sólo me eché un megasapo y tuve la mala suerte de que fuera en público (y ante un micrófono)'. Por supuesto que me dio mucha pena y sentí como mi pálido color se iba transformando en rojo tomate. Como ya las carcajadas eran muchas, una maestra tuvo que interrumpir y pedirme que siguiera el discurso. Fue bastante difícil terminarlo, ya que la mayoría de mis compañeros seguía riéndose y burlándose de mí.

MORALEJAS

• Desayuna antes de ir al colegio. Galletas y refresco de manzana no es el mejor alimento (por más de una razón, como habrás visto).
• Nunca tomes refresco de manzana alocadamente antes de dar un discurso.
• Trata de parecer indiferente ante tu nuevo apodo: 'Sapitos'. Piénsalo, podría haber sido peor (y mucho).
• Resignación. El oso ya lo hiciste.



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