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¿Qué pasa si me aguanto las ganas de ir al baño?
Descubre qué sucede si decides aguantar las ganas de ir al baño y cómo puede afectar tu salud en este análisis detallado.Comprender la frecuencia normal de ir al baño es crucial para mantener una salud equilibrada. Se considera normal orinar hasta 7 veces al día y, como máximo, una vez por la noche. La frecuencia, sin embargo, está influenciada por factores como las necesidades sociales. Descubre qué sucede si decides aguantar las ganas de ir al baño y cómo puede afectar tu salud en este análisis detallado.
Según Blanca Madurga, miembro de la Asociación Española de Urología (AEU), la frecuencia urinaria considerada normal es de 6 a 7 micciones diurnas, incluyendo levantarse una vez por la noche. Superar estas cifras indicaría un aumento en la frecuencia y la nocturia (micciones nocturnas). Blanca Madurga destaca que el consumo excesivo de líquidos por la falsa creencia de que es mejor, puede aumentar la frecuencia sin indicar enfermedades vesicales por ir tantas veces al baño.

La experta de la AEU destaca la nocividad de aguantar la orina, subrayando que este líquido no es estéril. Al almacenarse de manera excesiva y prolongada en la vejiga, se propicia el crecimiento de bacterias, aumentando significativamente el riesgo de infecciones urinarias recurrentes. Este hábito, por tanto, puede tener consecuencias negativas para la salud del sistema urinario, enfatizando la importancia de evitar retener la orina innecesariamente.
El acto de aguantar las ganas de ir al baño hasta el límite máximo, según Ramírez, conlleva un sobredistensionamiento del reservorio vesical, ejerciendo una presión adicional en sus estructuras. Esta práctica podría tener su origen en el reino animal, donde la contención de la micción se relaciona con evitar la creación de rastros detectables. En el contexto humano, las relaciones sociales y las circunstancias también pueden influir en la decisión de postergar la necesidad de orinar.

Por otro lado, menciona que es posible entrenar a la vejiga. El entrenamiento vesical comienza en edades tempranas, enseñando a niños y niñas la continencia urinaria, que debe dominarse antes de los 5 años. Según la uróloga del Ruber Internacional, este entrenamiento no solo se enfoca en la vejiga, sino que abarca todos los elementos del suelo pélvico. La vejiga, como órgano de almacenamiento, está rodeada por músculos y ligamentos que requieren fortalecimiento y coordinación durante este proceso de entrenamiento.