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Qué significa que una persona prefiera nunca acariciar a los perros, según la psicología

Expertos en comportamiento humano coinciden en que no se trata simplemente de “no gustar de los perros”, sino de una serie de factores emocionales
domingo, 29 de junio de 2025 · 14:01

En una sociedad donde el amor por los perros ha alcanzado niveles de devoción, encontrarse con personas que no quieren acariciarlos, tocarlos o siquiera acercarse a ellos puede resultar desconcertante. ¿Es miedo, rechazo, indiferencia o algo más complejo? ¿Qué dice la psicología sobre este significado que para muchos resulta fuera de lo común?

Expertos en comportamiento humano coinciden en que no se trata simplemente de “no gustar de los perros”, sino de una serie de factores emocionales, cognitivos y sociales que pueden influir en la forma en que una persona se relaciona con los animales, particularmente con aquellos que representan afecto y cercanía como los perros.

¿Es normal no querer acariciar perros?

Desde un punto de vista clínico, sí es normal. No existe una regla universal que obligue a las personas a conectar con los perros. Sin embargo, cuando la evitación es constante, automática o emocionalmente intensa, puede ser reflejo de algo más que una simple preferencia.

De acuerdo con la psicóloga clínica Mariela Campos, consultada por medios especializados en conducta humana, “la decisión de no acariciar a un perro no implica necesariamente falta de empatía o frialdad, pero puede estar ligada a estilos de apego, experiencias tempranas, ansiedad social o incluso condicionamientos culturales”.

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Uno de los motivos más comunes es haber tenido una mala experiencia con perros durante la infancia, como una mordida o un ataque. Estos recuerdos pueden quedar registrados en el inconsciente y manifestarse como rechazo o incomodidad, incluso frente a perros tranquilos.

Desde la teoría del apego, algunas personas desarrollan un vínculo afectivo más distante y racional con su entorno emocional. Este tipo de personalidad tiende a evitar el contacto físico y emocional, no solo con personas, sino también con animales que representan afecto directo.

Acariciar a un perro suele considerarse un gesto de empatía, cercanía y alegría. Por eso, quien no lo hace puede generar curiosidad o incluso rechazo social. Sin embargo, desde la psicología, esta conducta no es necesariamente un signo de frialdad o insensibilidad, sino que puede reflejar una historia emocional, un estilo de personalidad o incluso una forma distinta de amar.