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Opinión: Dortmund, terrorismo y conjeturas precipitadas

21 abr 2017
13h05
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Los móviles del sospechoso detenido por el taque explosivo contra el bus del equipo de Dortmund sorprendieron a todos. Según Jefferson Chase, es una prueba de que los juicios precipitados suelen ser erróneos.Comencemos con un ejercicio de calentamiento. ¿Podrían levantar la mano los que, tras el ataque contra el bus del Dortmund pensaron "terrorismo islámico"? La mía está alzada, y apuesto que también las suyas. Todo parecía encajar tan bien. Simpatizantes de la red terrorista del Estado Islámico ya habían apuntado contra un estadio en los atentados de París, que cobraron la vida de 130 personas en noviembre de 2015. La secuencia lógica era que eligieran como blanco a un equipo de fútbol. Un perfecto objetivo blando. Si algo hemos aprendido en el nuevo milenio es que los extremistas islámicos son inquietantemente buenos en encontrar objetivos blandos.

Pero no fue eso lo que ocurrió. Si las autoridades están en lo cierto, el villano de la historia de las bombas detonadas al paso del bus del Dortmund no actuó inspirado por fanatismo religioso, sino por codicia. Pienso que se puede decir con seguridad que nadie vio venir ese giro, pese a que la codicia es un móvil arquetípico de las fechorías humanas.

Las historias que contamos

No es accidental que me haya deslizado al lenguaje literario al hablar de las reacciones comunes al ataque contra el bus. El crítico Peter Brooks escribió en un libro que los seres humanos entienden el mundo y su lugar en él uniendo historias coherentes, reinterpretando el significado de acciones pasadas y anticipando proyecciones a futuro.

Las historias convencionales literalmente "tienen sentido". No solo reconstruyen hechos pasados, sino que construyen el significado de esos hechos. Ulises eventualmente encuentra su camino a casa, Fausto gana su apuesta con Mefistófeles y Rosebud vuelve a ser el trineo de Ciudadano Kane. Nadie quedaría contento con una historia de Sherlock Holmes que terminara con el famoso detective diciendo: "francamente, mi querido Watson, no tengo idea de quién es el asesino".

Los ataques terroristas nos confrontan con el caos. Y el caos nos hace sentir incómodos. Ante cada atentado terrorista, inmediatamente tratamos de superar nuestro malestar encontrando una línea narrativa coherente. ¿Quién puede haber hecho esto? ¿Y por qué? El problema es que en nuestro afán de encontrar narrativas explicativas, con frecuencia nos apresuramos a tomar la historia más conveniente. El sospechoso de las bombas de Dortmund, Serguei W., parece haber tratado de explotar esta tendencia al enviar a la policía mensajes de un pretendido seguidor del EI que asumía la responsabilidad de los ataques.

Resistir a las explicaciones fáciles

La moraleja obvia de esta historia es que en los casos en que parece tratarse de atentados terroristas, debemos estar doblemente en guardia para no sacar conclusiones precipitadas. No hay que negar que existe una conexión entre islamismo radical y actos de terrorismo. Hay una firme conexión, por cuanto los atentados terroristas son parte central de la estrategia fundamentalista islámica. Pero los extremistas islámicos no son los únicos que recuren al terrorismo. Y el impacto emocional de un ataque terrorista vuelve a la gente especialmente vulnerable a la manipulación y proclive a cometer errores.

El hecho de que el sospechoso de las bombas de Dormund haya sido detenido casi al mismo tiempo en que un hombre armado perpetró lo que parece ser un genuino ataque islamista contra policías en París, solo pone en evidencia la necesidad de centrarse en hechos y de diferenciar cuando intentamos entender y combatir al terrorismo. La realidad es a menudo más compleja y a veces diferente de lo que parecía inicialmente.

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